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miércoles, 18 de marzo de 2015

Los Reyes, entre bambalinas

El pasado viernes terminaron las representaciones en el Teatro Real de la ópera "El público", con libreto de Andrés Ibáñez, basado en la obra homónima de Federico García Lorca; y música de Mauricio Sotelo. Se trataba de un estreno mundial gestado por el fallecido Gerard Mortier. Para llevar adelante el proyecto ha contado con la dirección de escena de Robert Castro, discípulo de Peter Sellars, la batuta de Pablo Heras-Casado y un elenco en que no podía faltar la presencia flamenca, leit motiv en la obra de Sotelo, con la voz de Arcángel  y el baile desgarrador de Rubén Olmo, que protagoniza algunos de los momentos memorables.

Trabajo complejo y de notables resultados, en un escenario donde los estrenos no son especialmente bien recibidos, la última función contó con la presencia de Felipe VI  y Doña Letizia, que ocuparon el palco real. Pero su presencia no se quedó ahí. Tras la representación ambos fueron a saludar a los artistas sobre el escenario. A telón bajado, volvieron a sonar algunos compases flamencos que hicieron las delicias de los Reyes y que fueron acompañados por palmas, incluidas, según me cuentan, las de los Monarcas, que con su presencia ofrecieron un estupendo ejemplo de compromiso con nuestro Patrimonio (Lorca)  y con la nueva creación (Sotelo). 

Imagen de los Reyes, tras la función de "El público", colgada en Facebook

martes, 13 de enero de 2015

Juan Diego Flórez, una voz en estado de gracia

Juan Diego Flórez volvió el pasado domingo al Teatro Real. Regresó para presentar su último disco "L'amour", dedicado al repertorio francés. Un repertorio al que se está acercando durante los dos últimos años con mucha precaución. No en vano, sobre él planea la sombra de quien siempre ha sido un referente para el tenor peruano, Alfredo Kraus.

En 2013, Flórez protagonizó, en versión de concierto, "El pescador de perlas" de Bizet en el Teatro Real. El resultado no fue todo lo satisfactorio que el cantante, muy perfeccionista, esperaba, pero estaba decidido a que su trayectoria, cimentada sobre la música de Rossini, se adentrara por esa senda. De ahí que su último disco esté dedicado a él, con partituras de Delibes, Bizet, Meyerbeer, Massenet o Gounod.

Después de presentarlo por todo el mundo en 2014, el tenor peruano lo hizo en Madrid, en un concierto extraordinario de Juventudes Musicales. La cita había levantado mucha expectación, como es habitual, y agotado las entradas hace días.

Flórez, que estuvo acompañado por la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, volvió a demostrar las razones que le sitúan como el mejor tenor belcantista del mundo (el repertorio francés que aborda  está muy próximo a él). Desde "Plus blanche que la blanche", de "Les Hugonotes", hasta el aria que da título al disco, de la ópera "Romeo y Julieta" de Gounod, y, por supuesto, el "Porquoir me reveiller", de "Werther" -quizá la pieza más esperada-, la interpretación fue sublime y emocionante, provocando ovaciones del público.

A pesar de mostrar ciertas incomodidades en la garganta -las últimas declaraciones de Alagna sobre la sequedad del clima de Madrid sobrevolaron la sala-, Flórez no cedió a ellas y logró rubricar, asistido por un director, Pablo Mielgo, muy atento a las necesidades del cantante, una emisión sin fisuras, demostrando autocontrol y un dominio del escenario que fue creciendo durante el concierto.

Tras el programa oficial, llegó el turno de las propinas en el que se pudo ver  la cara menos conocida de Flórez, al menos aquí en Madrid. Relajadado, sonriente y guitarra en mano, interpretó un par de canciones populares, como "Palmero sube a la palma". Y entre bromas -sobre la sequedad del clima de Madrid, confirmando así nuestra sospecha-, abordó el chotis "Madrid", que provocó el delirio el público y una nueva broma del tenor: "Parece que se van calentando". Llevábamos casi dos horas y cuarto de concierto.

El cantante también se sumó a la moda de los "selfie" y se retrató con el público del Real a su espalda, al que le divirtió su gesto, tras el cual el tenor dejó el móvil en el suelo durante las intervenciones siguientes. Avisado en reiteradas ocasiones por los espectadores para que lo recogiera, temerosos de que lo pisara. Flórez volvió a recurrir a la ironía. "No, estoy grabando. Si lo hacen ustedes también lo puedo hacer yo", bromeó.

Para concluir, como broche final interpretó "Una furtiva lágrima". Y cerró, con "La donna è mobile" de "Rigoletto", una noche memorable, con un programa y un espectáculo en el que Flórez se retrató con una voz en estado de gracia y una madurez y seguridad sobre el escenario sobresalientes.



Flórez durante las propinas en el Teatro Real

viernes, 12 de diciembre de 2014

El alma musical de Thomas Mann

«La música siempre ha ejercido un influjo notable sobre el estilo de mi obra. [...] Desde siempre, la novela ha sido para mí una sinfonía, una obra de contrapunto, un entramado de temas en el que las ideas desempeñan el papel de motivos musicales». Esta frase pertenece al escritor y premio Nobel de Literatura, Thomas Mann, que entregó su vida al arte de la escritura, pero en el que siempre estuvo muy presente su otra gran pasión: la música.

La Fundación Juan March, dentro de su apartado «El universo musical de...», dedicado a desvelar los vínculos musicales de grandes artistas e intelectuales, como Alejo Carpentier o Paul Klee, se ocupa a partir de la próxima semana del universo musical de uno de los nombres más importantes de la literatura contemporánea. «Nos centramos en figuras de la pintura, de la literatura, de la creación en general que no eran compositores profesionales», explica Miguel Ángel Marín, responsable de la programación musical en la fundación.

La elección de Thomas Mann, autor de clásicos, como «La montaña mágica» o «Los Buddenbrook», se debe también a las sinergías entre las instituciones madrileñas. En este caso con el Teatro Real, donde está previsto que se estrene el próximo 4 de diciembre una nueva producción de la adaptación operistica de su obra «Muerte en Venecia». «Intentamos organizar un formato de conciertos que sirvan de contrapunto a la programación del Real. El año pasado ya lo hicimos con motivo de “Los cuentos de Hoffmann”, con un ciclo sobre el Hoffmann compositor y el Hoffmann el crítico. Y este año nos parecía oportuno con la ópera de Britten».

Aunque muchos vinculen la obra literaria de Mann rápidamente con Gustav Mahler, en particular con su Adagietto de la «Quinta sinfonía», que tomó prestado Luchino Visconti en 1971 para su traducción a la gran pantalla de «Muerte en Venecia», música que se ha convertido en un icono, muchos fueron los intérpretes y compositores con los que Mann mantuvo una estrecha relación a lo largo de su vida, bien en Alemania, Suiza o Estados Unidos. Es el caso de Stravinsky, Schoenberg, Hindemith, Bartók, Korngold o Krenek. Algo más tensas fueron las que el escritor, casado con Katia Pringsheim, hija de una importante familia de intelectuales y artistas de origen judío, mantuvo con Richard Strauss, por la ambigua postura de este hacia el nazismo, o el director de orquesta Wilhelm Furtwängler, acusado de colaboracionista.

«La dimensión musical en la obra de Mann es potentísima -afirma Marín-, algo que el propio escritor explicó. La concepción de algunas de su novelas responde a una sonata o a una sinfonía. No solo era un gran aficionado, y la música aparecía de forma explícita como parte de los personajes, de la historia o como tema musical fundamental como sucede en “Doktor Faustus”, sino que además la forma de concebir la narración se parecía mucho a algunas formas musicales».

 Así, en «Doktor Faustus» se puede apreciar una fuga con sus dos temas, su divertimento y su remate; «La montaña mágica» y «Tonio Kröger» presentan una estructura sinfónica, mientras que «Muerte en Venecia» se entendería como una rapsodia, y «Alteza Real» como una opereta vienesa -nos ilustra en las notas al programa el escritor Blas Matamoro-. Mientras que en su serie novelesca «José y sus hermanos» el escritor parece seguir el formato de una tetralogía como la de Wagner, compositor hacia el que Mann profesó su mayor admiración -le llamaba su «dios nórdico»-, y que se inició cuando vió, con solo 14 años, «Lohengrin». Prueba de ella es también su novela «Tristán», título en clara referencia a la ópera wagneriana, «que Mann se conocía prácticamente de memoria», indica Marín.

No se puede decir a ciencia cierta que la música fuera una vocación frustrada para Mann, pero sí que alimentó su vida y su obra con intensidad, hasta el punto que se definió como «a medias músico», y calificó su escritura como «un musicar literario». Esta pasión se extendió también a sus descendientes. Padre de seis hijos, todos ellos tuvieron relación con la música, bien a través de la interpretación, la composición o la escritura.

«El universo musical de Thomas Mann» arrancará el miércoles y comprende tres conciertos. Tres citas «en las que no solo sonarán músicas íntimamente relacionadas con distintos aspectos del mundo creativo del escritor, sino que hemos dado un paso más y hemos jugado con el formato convencional del concierto añadiendo lecturas dramatizadas (con la participación de los actoresJosé Luis Gómez, José María Pou y Tristán Ulloa) de pasajes de distintos escritos de Mann, que ponemos en diálogo con las obras que van a sonar luego». Completan este retrato del escritor dos conferencias impartidas por la traductora y ensayista Rosa Sala Rose.

                        

martes, 11 de noviembre de 2014

Delirio por los "bises" en la ópera: de Camarena a Corelli

El fin de semana ha sido extenuante para el tenor mexicano Javier Camarena. Nada más y nada menos que dos "bises" ha tenido que hacer en el Teatro Real del aria "Ah! mes amis" de "La hija del regimiento" de Donizetti. En total 36 Do de pecho, en dos días.

Dicen quienes estuvieron en el coliseo madrileño la noche del viernes, que al público le costó arrancar, pero  que con la pequeña ayuda de una musicóloga, Sara Villalba, que repartió octavillas entre el público pidiendo el "bis", la velada tuvo final histórico (antes solo lo había realizado Leo Nucci).

Y no paró ahí el frenesí por las acrobacias vocales y los "bises". El lunes, el público que acudió a la última función, quiso también su pequeña porción de historia, y de nuevo se pudo escuchar a Camarena, que llegaba a Madrid avalado por su triunfo en el Met, repetir la hazaña. El tenor mexicano no se lo podía creer y la emoción le venció, derramando lágrimas sobre el escenario. Dos goleadas, en términos futbolísticos, en dos funciones. Lo nunca visto en el Teatro Real.



Sin embargo, este fervor por las notas altas y las peticiones del público no es algo nuevo, y las de ahora poco tienen que ver con aquellos "bises" míticos que rayaban en la locura, y que incluso hacían temblar... de miedo.Nos referimos al histórico que tuvo que ofrecer Franco Corelli en el Teatro Regio de Parma en 1967. 

El tenor italiano interpretaba el aria "E lucevan le stelle" de "Tosca", cuando el teatro casi se vino abajo y el público no cesaba de bramar pidiéndole que la repitiera. Corelli, sin embargo, mantuvo la calma y no lo hizo en ese momento, sino que la dilató hasta el final de la representación. Tras escuchar la grabación, muchos entenderá que fue todo un signo de valentía o ¿de inconsciencia?